MISA DE UN OBISPO AUXILIAR DEL PAPA EN LA IGLESIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE LOS PEREGRINOS: «EL VERDADERO ENEMIGO ES LA DIVISIÓN DEL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO»
Correo 46
Imprimir Mandar a un amigoPartagez sur TwitterPartagez sur Facebook

 
 


Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi : in domum Dómini íbimus. [Me alegré cuando se me dijo: Iremos a la casa del Señor.]

La alegría que expresa el introito de la misa del cuarto domingo de Cuaresma, llamado también «domingo de Lætare», resume perfectamente el estado de alma de los fieles y sacerdotes que asistieron el domingo 30 de marzo de 2014 a la misa de 11 en la iglesia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos de Roma. En efecto, por primera vez desde el motu proprio Summorum Pontificum, un obispo de Roma, en este caso, Mons. Matteo Zuppi, obispo auxiliar del centro histórico, celebró la misa tradicional. Uno de nuestros corresponsales estaba presente.



I –  UN MOMENTO HISTÓRICO: LA NORMALIDAD


La Santísima Trinidad de los Peregrinos es una iglesia fundada en los últimos años de vida de San Felipe Neri por la confraternidad que él había creado en vísperas del jubileo de 1550 para albergar y cuidar a los peregrinos de la ciudad eterna. Desde el año 2008 es sede de una parroquia personal para los fieles vinculados a la forma extraordinaria del rito romano –la liturgia tradicional–, confiada a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP). Punto de anclaje de la peregrinación internacional del pueblo Summorum Pontificum, recibe regularmente la visita de prelados del mundo entero para celebrar misas pontificales solemnes.

Por lo tanto, no era nada excepcional que un obispo fuera a celebrar allí la misa del cuarto domingo de Cuaresma. Salvo porque el obispo en cuestión es el obispo auxiliar de la diócesis encargado del centro histórico de Roma, el sector donde se encuentra la iglesia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos. En efecto, como subrayó al recibirlo el Padre Kramer, cura de la parroquia, es «la primera vez, desde las reformas litúrgicas de los años 60», que un obispo en actividad de la diócesis de Roma –cuyo titular es el Santo Padre en persona– celebra la misa según el misal de San Juan XXIII en una de las parroquias de la ciudad. Subrayando la importancia del «día histórico», que manifiesta «la unión jurídica y afectiva que une nuestra parroquia a la diócesis», el padre Kramer agradeció a Mons. Zuppi su visita que prueba hasta qué punto «la forma extraordinaria del rito romano ha entrado a formar parte de la vida normal de la Iglesia», en las condiciones previstas por el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI.

Durante la homilía, Mons. Matteo Zuppi, ante todo, invitó a la asamblea a «elegir» la alegría, ese «rayo de luz» como la llama el papa Francisco en Evangelii Gaudium. Después, insistió en expresar su «comunión profunda con esta parroquia y con el servicio que presta a la Iglesia y a toda la ciudad», explicó que «nadie está aislado» y que «todos estamos llamados al servicio de la comunión». Prosiguió diciendo que «el verdadero enemigo es la división del Cuerpo místico de Cristo». Luego, comentó el evangelio del día –la multiplicación de los panes–, insistiendo en la relación de Cristo con la multitud, ante la cual no huye, por el contrario, elige actuar en medio de ella. Advirtió contra la tentación de aislarse de la multitud, de condenarla sin intentar siquiera cambiarla, privilegiando, en resumidas cuentas, el bienestar propio al de todos, para transformarse en lo que llamó «hombres-islas». Cristo, en cambio, se dirige a la multitud y «acepta el desafío» de saciarla, ofreciéndole lo que Mons. Zuppi, asistente eclesiástico de la comunidad San Egidio (que cohabita en la Trinidad de los Peregrinos con la comunidad Summorum Pontificum), llamó «el pan de la solidaridad».

Al término de la ceremonia, la alegría y la multitud acompañaron al prelado quien saludó a cada uno de los fieles, mientras se ofrecía un café. Mons. Zuppi aprovechó ese momento para confirmar su intención de concurrir a otra de las comunidades tradicionales de Roma, a cargo del Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote (ICRSP) en la iglesia de Jesús y María, ubicada en la vía del Corso, en la festividad de Pentecostés.




II –  LAS REFLEXIONES DE PAIX LITURGIQUE


1) «¡Gracias por haber venido!»: esta exclamación de un fiel resume adecuadamente la alegría de los miembros de la parroquia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos y su gratitud hacia el obispo. Como lo demuestra su homilía, Mons. Matteo Zuppi, consagrado obispo en abril de 2012, tiene un celo auténtico por la comunión diocesana y está visiblemente empeñado en no dejar de lado a ninguna de las comunidades de su sector. Por otra parte, este año participó en casi todas las procesiones que señalan las estaciones de la Cuaresma en Roma, y la visita a la Santísima Trinidad de los Peregrinos se inscribe, sencillamente, en la recorrida de las parroquias que se encuentran bajo su cuidado pastoral. Como lo expresó el padre Kramer, el carácter ordinario de la visita de Mons. Zuppi la transforma en un hecho histórico. Porque ello significa, sin más, que el vicariato de Roma (*), en la persona de Mons. Zuppi, considera totalmente normal celebrar la forma extraordinaria.


2) Resulta significativo que este «día histórico», como lo llamó el padre Kramer, haya tenido lugar bajo el pontificado de Francisco. Algunos, tanto dentro como fuera de la Iglesia, en el campo de la modernidad como en el de la tradición, pretenden que la Iglesia ha cambiado de rumbo con la elección del cardenal Bergoglio, cerrando el paréntesis restaurador que habría representado el pontificado de Benedicto XVI, para retomar el famoso «espíritu del Concilio». En realidad, el pontificado anterior sólo colocó los jalones de la restauración sin ponerla en movimiento, y el nuevo prueba, mes tras mes, que no tiene problemas con la tradición litúrgica de la Iglesia.

Es lo que escribía recientemente Alberto Carosa, corresponsal en Roma de Catholic World Report, al analizar cinco gestos que prueban la continuidad entre Francisco y Benedicto: el nombramiento cardenalicio de Mons. Bassetti, arzobispo de Perugia y amigo de la forma extraordinaria; la declaración del papa a los obispos de Apulia (ver correo 36); el mensaje enviado a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro en su 25˚ aniversario; el dirigido a los peregrinos del pueblo Summorum Pontificum; y la declaración del papa al cardenal Castrillón en noviembre de 2013. Conviene agregar a estos gestos, una serie de nombramientos episcopales ¬–el último de los cuales es el de Mons. Robert Byrne, ex preboste del Oratorio de Oxford, donde, desde 2004, ha introducido la misa tradicional– que ponen de manifiesto que la celebración de la forma extraordinaria no es un hándicap en el currículo de un obispo.


3) En Roma, algunos ven en la visita de Mons. Zuppi a la Santísima Trinidad de los Peregrinos un gesto reparador hacia la comunidad Summorum Pontificum después de la supresión de la misa del primer sábado de mes en Santa María Mayor y, sobre todo, de la penosa intervención a los Franciscanos de la Inmaculada, a quienes se les suprimió, de forma brutal, treinta de las treinta y tres misas que celebraban en Italia. No somos adivinos, pero si así fuera, significa que el episcopado de Roma está a la escucha de sus fieles y manifiesta un sentido agudo de la justicia y de la caridad. Y si no es ése el caso, este gesto muestra, simplemente, como lo ha dejado entender Mons. Zuppi en su homilía, que actúa siguiendo las directivas pastorales del papa Francisco: de alguna manera, ¿la Santísima Trinidad de los Peregrinos no había sido, hasta ahora, la periferia del centro histórico de Roma?



(*) Obispo de Roma, el papa tiene dos vicarios para ayudarlo, uno para la Ciudad del Vaticano (el cardenal Comastri) y el segundo para la ciudad de Roma (el cardenal Vallini).