EN CHILE, LA DEDICACIÓN EJEMPLAR DE LOS ARTÍFICES DEL MOTU PROPRIO
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En julio, se llevó a cabo en Chile el primer congreso Summorum Pontificum. Uno de nuestros redactores estuvo presente. Tres meses después de este viaje, su entusiasmo por lo vivido al pie de los Andes subsiste y justifica ampliamente que lo compartamos con nuestros lectores.


SOLOS, PERO ALEGRES, SOLIDARIOS Y DETERMINADOS

Episodio 1
«Mientras que el calor asola a Europa, Paix Liturgique me ofrece el privilegio de pasar tres días de clima fresco.»


Santiago de Chile, 20 de julio de 2015.

Durante el vuelo que me traslada a Santiago de Chile, lo único que me consuela durante este viaje de trabajo que realizo mientras que toda mi familia está de vacaciones, es el pronóstico de la temperatura. Aun cuando el objetivo sea la realización, en la capital chilena, del primer congreso Summorum Pontificum organizado en la América del Sur de habla hispana (ya ha habido varios en Brasil), me digo que todas las conferencias sobre liturgia terminan por parecerse.

Cuando, al poner un pie en el aeropuerto, descubro que el aire local no es simplemente «fresco», sino helado, ya que hacen exactamente 0° C esa mañana, la poca motivación que había logrado en el avión no resiste los primeros escalofríos. Y si recobro una pizca de entusiasmo al llegar al lugar del congreso (un centro de ejercicios espirituales en las afueras de Santiago) ante el panorama espléndido de la cordillera de los Andes nevada, pronto lo pierdo cuando me doy cuenta de que este lugar además de estar aislado está desprovisto de aislación y de que en mi habitación hace casi tanto frío como afuera.

Así que, como he sido el primero en llegar, aprovecho para abrigarme bajo las mantas, a ver si entro en calor y me recupero de la fatiga del viaje.

Al despertarme, un pequeño milagro me aguarda: antes de ir a descansar, había ido a rezar a la capilla del lugar, ambiente de una tristeza infinita, con las paredes blancas revestidas con machimbre, en forma de L, auténtico vestigio de una «primavera litúrgica» que nunca ha llegado... pero después de mi siesta esta capilla ¡resulta irreconocible! Cuatro altares han hecho su aparición, coronados por su respectivo tabernáculo, decorados con manteles, velas y demás objetos litúrgicos simples pero tradicionales. Maravillado ante tamaña transformación, de inmediato doy gracias al Señor y parto a la búsqueda de su o sus autores.

Episodio 2
«¿Esperabas asistir a un congreso académico en un hotel o una universidad? Pues bien, no, ¡la Providencia quiere que participes de tres días de ejercicios espirituales!»


El cardenal Medina Estévez, Prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino.

Unos quince sacerdotes, menos de una decena de laicos: desde la primera tarde, es evidente que estas tres jornadas chilenas, marcadas por la misa y las conferencias matutinas, el canto de nona, de vísperas y de completas, los talleres prácticos y las comidas se van a asemejar más a un retiro que a un congreso. ¡Mejor así! Al menos para mí, dado que este último tiempo, no lograba apartarme del mundo y sus obligaciones, y esta pausa espiritual sólo puede ser benéfica. Sin embargo, ¿qué informe podré transmitir a Paix Liturgique?

Aunque sea el cardenal Medina Estévez, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, quien pronuncie la alocución inaugural al día siguiente de mi arribo los organizadores me informan que cuentan con muy poco apoyo por parte de la jerarquía eclesiástica. Incluso, han decidido no aceptar a ningún seminarista en el congreso, a pesar de haber recibido varias solicitudes de inscripción, a fin de no exponerlos a dificultades más que probables a su regreso al seminario.

En resumen, lo esencial de las conferencias dependerá de los responsables de Magnificat, una asociación de fieles, miembro de la Federación Internacional Una Voce, que festejará en 2016 sus 50 años de existencia. Historia de la reforma litúrgica del rito romano, situación jurídica de la forma extraordinaria, iniciación al canto gregoriano y vocación de la música sacra: el programa es denso pero clásico, y sin desestimar la calidad de los expositores, sería vano esperar grandes novedades sobre la interpretación o la aplicación del motu proprio de Benedicto XVI. No obstante, una conferencia despierta mi curiosidad, la de uno de los cuatro sacerdotes a cargo del congreso, que hablará sobre su experiencia en materia de introducción de la forma extraordinaria en la vida parroquial.

Episodio 3
«Cuántos sacrificios aceptados!»


Los participantes del primer congreso Summorum Pontificum chileno.

De hecho, desde las completas de la primera tarde, constato una evidencia: aquí, todos los participantes, organizadores o no, están reunidos por una sola y única razón, esto es, el deseo de rezar a una sola voz en latín, y de volverse juntos hacia el altar de Dios, la alegría de nuestra juventud. Este deseo es muy fuerte, ya que, salvo un joven diácono del Instituto del Buen Pastor y un fiel de la Fraternidad San Pío X, ninguno de los presentes tiene posibilidades de participar de la forma extraordinaria del rito romano de manera frecuente.

Incluso entre los sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos, prevalece la forma ordinaria; algunos ni siquiera tienen, prácticamente, experiencia personal de la celebración de la liturgia tradicional. Entre los laicos, el caso más emblemático es el de una joven consagrada boliviana que gastó todos sus ahorros para este viaje a Santiago. Conmovida por el sentido de la liturgia demostrado por Benedicto XVI, ha descubierto la existencia de la liturgia tradicional en Internet y estaba a la espera de la primera ocasión para asistir a ella, en algún lugar no demasiado alejado de su residencia (una manera de decir, porque hay 2500 km entre La Paz, capital de Bolivia, y Santiago, y ningún vuelo directo), aún a costa de romper su alcancía... En efecto, Bolivia es hoy una tierra casi desconocida para la tradición católica romana, pero sin duda, no por mucho tiempo. Actualmente, sólo un sacerdote de la Fraternidad San Pío X va con regularidad en misión, pero a Sucre, su ciudad natal, es decir a 10 horas de ruta de La Paz.

Hablando con el más joven de los participantes, un estudiante secundario a quien pregunto si no lamenta consagrar sus vacaciones a perfeccionarse en el ars ministrandi en vez de esquiar como la mayoría de sus compañeros –en el hemisferio austral, son las vacaciones de invierno– me doy cuenta de que también para él nada es demasiado cuando se trata de la alabanza a Dios. No es diferente el caso de un religioso de clergyman venido desde Perú, quien asiste movido por el deseo de empaparse más en el sentido de lo sagrado, con la esperanza de enriquecer su ars celebrandi por medio del descubrimiento de la forma extraordinaria...

Episodio 4
Dilexisti justitiam, et odisti iniquitatem. Proptérea unxit te Deus, Deus tuus, óleo lætítiæ. (Salmo 44)


Cada tarde, tanto los fieles como los laicos podían participar en talleres litúrgicos.

Estos versículos del salmista corresponden al gradual de la misa de Santa Práxedes, cuya fiesta se celebra el 21 de julio, el primer día del congreso chileno. En ese momento no podía adivinarlo, pero dos meses más tarde, me parece que resumen a la perfección el estado de espíritu de los participantes. «Amaste la justicia y odiaste la iniquidad. Por eso, Dios, tu Dios, te ungió con óleo de alegría».

Al recordar los rostros conocidos durante esos días de oración y estudio, esa alegría franca y comunicativa, pero apacible, se me presenta como un signo distintivo de estos humildes obreros de la viña del Señor. Sin duda, porque todos, ya sea que tengan o no acceso a la forma extraordinaria del rito romano y a los beneficios del motu proprio Summorum Pontificum, viven libres del «más monstruoso de los demonios», o sea, el que, en palabras del cardenal Medina Estévez en su conferencia inaugural, «niega que Dios merece nuestras alabanzas y nuestra acción de gracias».

El taller litúrgico organizado para los laicos, que trataba tanto del servicio del sacristán y de los monaguillos como de la actitud de los fieles durante la Santa Misa, es para mí uno de los momentos memorables de esos días, precisamente debido al extraordinario buen humor cómplice que allí reinaba y que no perjudicaba en nada la atención y reverencia requeridas por cada uno de los asuntos tratados, los objetos manipulados y los gestos ensayados. Todos eran perfectamente conscientes de que la liturgia no es una producción humana sino una acción divina, como lo ha repetido tantas veces el cardenal Ratzinger antes de enseñarlo como papa Benedicto XVI.

De esta firme certeza deriva la alegría tranquila que caracteriza, en definitiva, a todos aquellos que se desarrollan en plenitud en su «terruño». Porque, como nos lo explicaría uno de los conferencistas, la liturgia es nada más y nada menos que el terruño de los católicos, su heimat según la expresión de Klaus Gamber, el liturgista alemán que tanto ha marcado el pensamiento de Benedicto XVI sobre las cuestiones litúrgicas. ¿Y a qué otra cosa podemos aspirar en el terruño sino a la paz? La paz litúrgica, por cierto, fundada en el amor compartido del culto divino.

Episodio 5
«Puedo volver?»

El año próximo la asociación Magnificat festejará sus 50 años y proyecta celebrarlos dignamente. En primer lugar, con la publicación de las actas de este primer congreso y, en segundo lugar, con la organización de un segundo congreso, donde podría celebrarse una misa pontifical, acontecimiento nada común en el país.

Con sólo recordar el noble rostro de don Julio Retamal Favereau, presidente de la asociación desde sus orígenes, y los ojos risueños de Lucho, el experto organista del equipo, ya no tengo dudas: me ofrezco de inmediato como voluntario para representar de nuevo a Paix Liturgique. En realidad, creo que de ahora en más, me propongo como voluntario para todas las reuniones de liturgia por poco que allí sople el auténtico espíritu de la liturgia, totalmente vuelto hacia la alabanza divina y deseoso de mantenernos en presencia de Cristo por medio de la contemplación de sus santos misterios.