Motu Proprio, pedido de auxilio de los seminaristas de Milán
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Antes de la publicación, el pasado viernes 13 de mayo, aniversario de la aparición de Nuestra Señora de Fátima, de la instrucción Universae Ecclesiae, muchos católicos vinculados a la forma extraordinaria del rito romano se habían mostrado preocupados con respecto a su contenido. Esta inquietud, de la que se habían hecho ampliamente eco la blogosfera y los medios de comunicación de todo el mundo, llevó al Vaticano a rever los puntos de la instrucción que parecían limitar el alcance del acto pacificador querido por el Santo Padre en julio de 2007.

Así, una versión intermedia de la instrucción preveía que los ritos latinos que no fueran el romano –entre los cuales, el mozárabe– no estarían comprendidos dentro del Motu Proprio, sino que dependerían de la Congregación para el Culto Divino, encargada de la liturgia de Pablo VI. Ahora bien, ese punto contradecía una interpretación previa de la Comisión Ecclesia Dei en una carta del 22 de mayo de 2009 dirigida al vicerrector del Colegio Papio d’Ascona, de Suiza, quien deseaba poder celebrar según la forma tradicional del rito ambrosiano, vigente en las diócesis de Milán y de Lugano, de la que depende Ascona.

Justamente, este mes, os proponemos la carta publicada en febrero pasado por los seminaristas de la diócesis de Milán, quienes, sin aludir directamente a este problema, sin embargo, hacían patente su voluntad de poder aprender y celebrar el rito ambrosiano tradicional, y revelaban el estado desastroso de la liturgia practicada en su seminario.


I – El documento

Carta abierta del 19 de febrero de 2011

Su Santidad,

Nosotros queremos el motu proprio en Milán, y lo queremos también en nuestro seminario, donde las liturgias que se llevan a cabo son de inspiración protestante, al estilo “Bose”.

Santo Padre, eminencias, excelencias, fieles: venid a ver cómo se celebra en el seminario de Milán, el acondicionamiento litúrgico de nuestra capilla, venid a ver la supuesta imagen de la virgen (una mujer desnuda, sentada en una postura sensual ante el tabernáculo). Y comprenderéis. Por nuestra parte, entendemos que los tiempos cambian, que la historia evoluciona, pero el corazón de la gente necesita las respuestas de siempre, una verdad siempre igual: Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre.

¿Por qué, como católicos y como seminaristas, no podemos formarnos en el conocimiento de la tradición bimilenaria de la iglesia? No pedimos que se imponga el rito antiguo. Nos conviene que siga siendo una forma extraordinaria. Pero ¿por qué no podemos estudiarlo de modo oficial, y, puntualmente, celebrarlo y practicarlo, en vez de hacerlo a escondidas, en la clandestinidad, a espaldas del rector y de nuestro director espiritual, de
noche, en nuestras habitaciones, como si se tratara de un acto de desobediencia a la Iglesia?

En cambio, se nos impone una sensibilidad litúrgica creativa, inventada por la comunidad de Bose, que no es nuestra vocación, que no corresponde a los motivos que nos llevaron a seguir al Señor en la Iglesia Católica. No queremos ser sacerdotes para vivir al estilo Bose o para celebrar ritos sincretistas. Quienes tienen esa sensibilidad, tienen plena libertad para ir a Bose.

Nosotros queremos poder cantar el Tantum ergo en latín (¡prohibido por nuestro reglamento!) Y no sólo los cánones de Taizé en inglés o español.

¿Será posible que quien piense así deba vivir disimulando, callándose y fingiendo que todo va bien?

¿Qué problema hay, nos preguntamos, en querer ser católicos del tercer milenio, evangelizadores de nuestro tiempo y, al mismo tiempo, rezar como lo han hecho los sacerdotes, los laicos de la Iglesia Católica de rito ambrosiano?

Lo repetimos: no queremos absolutizar, no pedimos una vuelta absoluta al rito antiguo, sino que queremos un verdadero respeto, auténtico, desideologizado, de la Iglesia, su historia, su tradición, su riqueza espiritual que pueden alimentar verdaderamente un alma que quiere conformarse a Cristo sacerdote.

Agradeceremos a todos los que recuerden en sus oraciones a quienes, como nosotros, buscan seguir al Señor, en línea con su Iglesia, con nuestras dificultades y nuestros límites, pero iluminados por la espléndida gracia de Nuestro Señor Jesucristo.

Hacemos votos para que nuestro humilde pedido pueda llegar al corazón de quien ama a la Iglesia y que quiere servir a sus hermanos en las cosas de Dios.

San Ambrosio y San Carlos, interceded por nosotros.

En Jesús y María.

Seminaristas de Seveso
(Arzobispado Metropolitano de Milán)


II – Nuestros comentarios

1) Se nota que la carta de estos seminaristas –que no son tradicionalistas– va mucho más allá del problema del documento de interpretación del Motu Proprio: está directa y expresamente relacionada con la ideología litúrgica del seminario de una de las diócesis principales de la cristiandad. ¡Descubrimos que en 2011, bajo algunos aspectos, seguimos igual a 1970! Lo que ha cambiado, es que muchos seminaristas se oponen. No sólo en Italia, sino también en Francia y en España, algunos se animan a decirlo en voz alta. Porque si hay un lugar en la Iglesia donde la inquisición sigue funcionando, es, por cierto, en los seminarios, donde se juzga a los seminaristas más por sus ideas que por su moralidad. Lo que demuestra hasta qué grado esta carta es valiente y particularmente conmovedora.

2) No olvidemos que la liturgia tradicional y quienes se siente vinculados a ella salen de 40 años de humillaciones y de ostracismo, lo que puede explicar cierta prontitud en las reacciones, a veces vivas, ante las injusticias. En el caso que nos ocupa, la carta de los semanaritas milaneses es de lo más mesurada. Lo que estos futuros sacerdote manifiestan –¡y rezamos por ellos!–, más que cólera o exigencias, es un profundo desconcierto. El desconcierto de quien debe disimular sus convicciones en pleno día para expresarlas sólo en la oscuridad de la noche. Es verdad que grandes santos y mártires surgieron de la persecución y de las tinieblas, ¡pero cabe escandalizarse cuando esta persecución y estas tinieblas ocurren en un seminario católico!

3) Una palabra sobre “Bose”. Esta comunidad religiosa, que nació al término del Concilio Vaticano II, reúne hombres y mujeres célibes de diferentes confesiones cristianas para “vivir el evangelio con radicalidad” (regla de la comunidad 3.5). Su fundador y superior, el hermano Enzo Bianchi, es el niño mimado de los medios de comunicación italianos, donde siempre aparece dispuesto a dar su opinión, muchas veces radical. A menudo, se establecen analogías entre Bose y Taizé, y no nos sorprende que los seminaristas milaneses se quejen de tener que padecer todo el repertorio de Taizé, además de la liturgia al estilo Boze.

4) Históricamente, se ha considerado a la diócesis de Milán como el “principal” arzobispado del mundo, todavía hoy uno de los primeros debido la cantidad de católicos que agrupa: algo menos de cinco millones. El patrón de Milán es San Ambrosio, uno de los cuatro doctores mayores de la Iglesia de Occidente (junto con San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio), que dio su nombre a la magnífica liturgia latina celebrada allí hasta la reforma de Pablo VI: el rito ambrosiano. El otro patrón de la ciudad es San Carlos Borromeo, prelado destacado de la Contrarreforma, a quien Pío XI nombró patrón de... los seminaristas.

5) La carta plantea, finalmente, la cuestión de las minorías en la Iglesia: ¿qué lugar, qué libertad, qué respeto cabe a los fieles, los sacerdotes y, en este caso, los seminaristas fieles al magisterio, que no se sienten identifican con las orientaciones dominantes de su diócesis o de su conferencia episcopal?