EL MISAL ROMANO, DE SUS ORIGENES A SUMMORUM PONTIFICUM
Correo 74
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El padre Claude Barthe es un sacerdote diocesano francés, ordenado en Écone a fines de los años 1970 por Mons. Lefebvre y, actualmente, capellán del Coetus Internationalis Summorum Pontificum. Autor de numerosos artículos y obras sobre la liturgia (La messe une forêt de symboles [La misa, un bosque de símbolos], ediciones Via Romana, 2011) y también sobre cuestiones teológicas (Penser l’œcuménisme autrement [Pensar el ecumenismo de otro modo], ediciones Via Romana, 2014), acaba de publicar un resumen tan completo como detallado de la historia del misal romano, sobre la que, al menos en el ámbito francófono, no existía un estudio reciente. Este libro, por su bibliografía actualizada y los documentos que presenta, será muy útil para los seminaristas y estudiantes y también para el conjunto de los sacerdotes y fieles que deseen conocer de manera adecuada la historia de la Santa Misa.



La obra litúrgica del concilio de Trento y de los papas posteriores ocupa un lugar central en el trabajo del padre Barthe, en tanto representa la canonización del culto romano tal como se había estabilizado definitivamente en la Edad Media. El autor focaliza su atención en el período que ha seguido a esta canonización, bosquejando un panorama que va de San Pío V a San Juan XXIII, es decir, cuatro siglos de liturgia desde la bula Quo primum, en 1570, hasta la última edición típica del misal tridentino, en 1962.

En la primera parte, el padre Barthe trata ampliamente de la historia de la misa romana desde sus orígenes, abordando las relaciones entre el culto cristiano y el culto de la Sinagoga, su «falso mellizo»; el nacimiento del canon romano; el enriquecimiento romano-franco; luego, la difusión del misal de la Curia romana utilizado por el papa en Avignon o en San Lorenzo in Palatio. Recuerda, además, que el misal romano, tal como se lo conoce y utiliza hoy, ya se encontraba fijado en su conjunto en el siglo XI.

En la última parte, el autor se interesa por la sorprendente auto-supervivencia del misal tridentino después del Vaticano II, que ha terminado por ser reconocido de nuevo plenamente por la autoridad romana con el motu proprio Summorum Pontificum. Constata también que la historia del misal está lejos de haber concluido, sobre todo porque representa más que nunca la garantía de la transmisión de la lex orandi en toda su riqueza y sin corrupción alguna. En este sentido, tal estudio es también una suerte de historia para el futuro.

Por un guiño de la Providencia, esta obra, titulada Histoire du missel tridentin et de ses origines [Historia del misal tridentino y de sus orígenes], (ediciones Via Romana), ha sido distribuido en las librerías francesas el jueves 27 de octubre de 2016, al mismo tiempo que el padre Barthe daba inicio, en Roma, a la preparación de la quinta peregrinación internacional Populus Summorum Pontificum. En este comienzo del año 2017, durante el cual celebraremos el décimo aniversario de la «liberación» del misal tridentino por el papa Benedicto XVI en 2007, nos complace proponer una recensión de este estudio, haciendo votos para que encuentre, en un futuro no muy lejano, una amplia difusión en el mundo hispanohablante.

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Fiel a su título, este libro estudia el tema en tres partes distintas. Partiendo del desarrollo, a veces, paralelo de la liturgia de la Iglesia y de la Sinagoga, la primera parte, de un centenar de páginas, examina el origen del culto nuevo, realización del antiguo, de los sacramentarios, de los misales y del ordo, y del venerable canon romano en sí mismo, sin olvidar los profusos comentarios alegóricos tan apreciados por el autor. «Este comentario espiritual de la liturgia comienza en el Nuevo Testamento mismo. Ya lo hemos evocado con respecto al libro del Apocalipsis, donde se indica que las siete lámparas son los siete espíritus de Dios, que las copas de oro, llenas de perfume, representan la oración de los santos, que el lino fino con que está revestido el Esposo, significa la virtud pura de los santos.» (p. 99)

De volumen semejante, la segunda parte –que rebasa por momentos el estricto marco del misal para considerar las tendencias musicales y arquitectónicas, el ayuno eucarístico y la desaparición de las Vísperas dominicales– traza con detalle la historia del misal desde el «heredado por la Curia en el siglo XI» hasta la edición típica publicada algunos meses antes de la abertura del Concilio Vaticano II. Al respecto de estas últimas ediciones, señala: «Es sorprendente que se hayan realizado dichas publicaciones, en especial, la del misal, cuando una comisión preparaba ya activamente el proyecto de texto conciliar sobre la liturgia, que anunciaba una reforma muy profunda. Tal vez los dos prefectos sucesivos de la Congregación de Ritos que procedieron a las publicaciones de 1960-1962 [...] hayan querido dejar un testimonio. Por otro lado, era lógico reunir todo el trabajo efectuado por la Comisión de Pío XII para llegar a una codificación más clara.» (p. 201)

La última parte del libro, mucho más breve (y que quizá brinde una clave de lectura de la ilustración alegórica que embellece la tapa: la celebración de una misa solemne en las ruinas de la catedral de Münster en 1946), trata de Summorum Pontificum y de la muy curiosa situación en que vivimos, donde «esta legislación, más que regirlo, se adapta a un estado de hecho, al formalizarlo y racionalizarlo. En efecto, el misal tridentino tal como hoy se encuentra restituido, porque lo ha sido a pesar y en contra de una reforma litúrgica destinada a reemplazarlo, se halla, por eso mismo, en una suerte de estado de autogestión». «Se realizaría así, a favor de la liturgia pre conciliar y de manera bastante picante, la famosa "inversión de la pirámide jerárquica", tan cara a Yves Congar.» (p. 220)

Hoy en día, un creciente número de católicos reconoce que la liturgia, como la vida, es transmitida y recibida, más que inventada por cada generación ex nihilo. De ello se deriva que muchas cuestiones litúrgicas suscitan, además de respuestas literales y respuestas alegóricas, respuestas históricas, sobre todo cuando esta respuesta histórica no consiste solamente en indicar el período o el autor de alguna innovación (retenida o no por la posteridad), sino también las circunstancias que han presidido a su institución. Este compendio histórico, escrito con un estilo comprensible que posibilita una reflexión casi alegórica al respecto, se completa con vastas referencias a pie de página que permiten continuar esta meditación y ponen de manifiesto, a la par del conocimiento del autor en este ámbito, su evidente amor por la Santa Misa.

(fuente: ceremoniaire.net)