EL SALUDO AMISTOSO DE BENEDICTO XVI AL PUEBLO SUMMORUM PONTIFICUM
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La tercera edición de la peregrinación del pueblo Summorum Pontificum a Roma, a fines de octubre de 2014, ha mostrado, una vez más, el vigor, la profunda piedad y la alegría serena de los fieles, sacerdotes y seminaristas que viven su fe al ritmo de la forma extraordinaria del rito romano. En estos tiempos difíciles para la Iglesia y los fieles –pensamos en Asia Bibi y los mártires de Oriente próximo y medio en particular– y tras un sínodo de la familia un poco eléctrico, el pueblo Summorum Pontificum se reunió junto a la tumba del Apóstol para manifestar la eterna juventud de la liturgia romana tradicional. En ese mismo momento, en Lourdes, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X hacía lo mismo. Confiamos en que tanto las oraciones de unos, llevadas por el Príncipe de los Apóstoles, y otros, ofrecidas por la Santísima Virgen, suban hasta Cristo Rey (que el calendario tradicional celebraba ese domingo) en un único ramillete espiritual de perfume agradable a Nuestro Señor, Rey de reyes.


I – LOS TIEMPOS FUERTES DE LA PEREGRINACIÓN

Ya durante las vísperas de apertura del jueves, era evidente que la peregrinación comenzaba bajo los mejores auspicios. Por primera vez en tres años, la iglesia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos estaba colmada en la celebración de las vísperas, cantadas este año por los seminaristas del Instituto del Buen Pastor (IBP) y presididas por Mons. Guido Pozzo, secretario de la Comisión Ecclesia Dei.

El viernes a la mañana, los peregrinos se arrodillaron a los pies de Nuestra Señora del Parto, en la basílica de San Agustín, para rezar un rosario por los niños por nacer. Para mayor alegría de los fieles presentes, los cantos de las hermanas franciscanas de la Inmaculada acompañaron las excelentes meditaciones.



Después del Vía Crucis recitado en el Palatino, en el mismo lugar donde San Leonardo de Puerto Mauricio estableció y difundió esta práctica en el siglo XVIII, los peregrinos volvieron a la Santísima Trinidad de los Peregrinos para el pontifical celebrado por el cardenal Pell, prefecto de la Secretaría para Asuntos Económicos de la Santa Sede. Debido a que se encontraba enfermo, el cardenal delegó a su secretario, el padre Withoos, ex oficial de la Comisión Ecclesia Dei, quien celebró, excusó a Su Eminencia y leyó su homilía. A pesar de este cambio de último momento, ni la multitud de los fieles y eclesiásticos (jamás hemos visto la iglesia de la Santísima Trinidad tan colmada de gente), ni el servicio litúrgico, ni el coro venido de la basílica de Nuestra Señora de Friburgo se sintieron contrariados, subrayando así que lo que cuenta no es la personalidad del celebrante sino el sacrificio ofrecido a Nuestro Señor, Sumo Sacerdote. Como la misa se celebraba por los 10 años de Juventutem, contó con una numerosa asistencia de jóvenes, además de la veintena de delegados de la asociación. En el sermón leído por el padre Withoos, el cardenal Pell pidió que, con miras a la segunda parte del Sínodo, durante el año próximo se explicara, «con caridad y dando razón de nuestra esperanza [...] la necesidad de la conversión, la naturaleza de la Misa y la pureza de corazón que las Escrituras requieren para acceder a la Sagrada Comunión».

El sábado, después de una adoración eucarística muy piadosa partió la ya tradicional procesión solemne hacia San Pedro, desde la magnífica y poco conocida basílica de San Lorenzo in Damaso. Cerca de un millar de fieles, precedidos por un centenar de eclesiásticos, tomaron la Via del Pellegrino (¡bello símbolo!) hacia el castillo Sant'Angelo y luego siguieron por la Via della Conciliazione hacia la basílica pontificia. En la entrada de la plaza San Pedro, 200 a 300 fieles los esperaban para cruzar el umbral de Pedro entonando el Christus vincit.

En presencia de más de 1500 fieles y eclesiásticos, entre los cuales el cardenal Levada, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Burke celebró la santa misa, cantada por un grupo de seminaristas del Pontificio Colegio norteamericano. Al concluir la celebración, Su Eminencia quiso salir al atrio donde lo aguardaban numerosos fieles ansiosos de expresarle su gratitud y afecto, desbordantes de alegría porque a todo se sumaba la lectura, hecha por Mons. Pozzo durante la ceremonia, de dos mensajes: uno, que ya se ha convertido en ritual, del cardenal secretario de Estado en nombre del papa Francisco y el otro, inesperado y cálido, del papa emérito, Benedicto XVI.

El sábado por la tarde, los seminaristas del IBP ofrecieron un concierto espiritual escuchado por muchos peregrinos, a pesar de la fatiga.

Finalmente, el domingo, un nuncio apostólico francés, Mons. François Bacqué, cerró la peregrinación a Roma con la celebración de la fiesta de Cristo Rey en la Santísima Trinidad de los Peregrinos, también delante de una numerosa asistencia. Al mismo tiempo, en la basílica San Benito de Nursia, el cardenal Brandmüller impartía la bendición pontificia a los 200 peregrinos que habían respondido a la invitación de los monjes benedictinos que celebran allí in utroque usu, para festejar con ellos la realeza de Nuestro Señor Jesucristo.




II – EL MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO

Como en los años anteriores, el papa se dirigió a los peregrinos mediante un mensaje del cardenal Secretario de Estado al cardenal que celebraba la misa en San Pedro.

«A su Eminencia Reverendísima, el cardenal Raymond Leo Burke, Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, con motivo de la peregrinación a Roma del Cœtus Internationalis Summorum Pontificum, el Santo Padre Francisco dirige su cordial saludo, deseando que la participación en el piadoso itinerario a las tumbas de los apóstoles suscite una ferviente adhesión a Cristo, celebrado en la Eucaristía y en el culto público de la Iglesia, y procure un entusiasmo renovado al testimonio del mensaje eterno de la fe cristiana.

Su Santidad, invocando los dones abundantes del Espíritu Santo y la maternal protección de la Madre de Dios, os pide perseverar en la oración para sostener su ministerio universal de sucesor del apóstol Pedro e imparte de corazón a Vuestra Eminencia, a los prelados, a los sacerdotes y a todos los fieles presentes en esta santa celebración la implorada bendición apostólica, propiciatoria de un camino fecundo en la vía del bien.
» 


III – EL MENSAJE DE BENEDICTO XVI

Leída una primera vez durante la misa en la Santísima Trinidad de los Peregrinos, esta carta del papa emérito fue nuevamente leída en San Pedro por Mons. Pozzo, secretario de la Comisión Ecclesia Dei. Se trata de una respuesta a la invitación (*) que el delegado general de la peregrinación, Guiseppe Capoccia, había transmitido a Benedicto XVI en la entrevista del 1º de septiembre de 2014.

Estimado delegado general:

Por fin encuentro un momento para agradecerle su carta del 21 de agosto último. Estoy muy contento de que el
Usus antiquus viva ahora en la plena paz de la Iglesia, incluso entre los jóvenes, sostenido y celebrado por grandes cardenales.

Espiritualmente estaré con ustedes. Mi estado de "monje enclaustrado" no me permite una presencia exterior. Sólo salgo de mi clausura en casos particulares, invitado personalmente por el papa.

En comunión de oración y amistad.

Vuestro en el Señor.

Benedicto XVI


(*) Transcribimos a continuación la parte esencial del texto de la carta de invitación dirigida por Giuseppe Capoccia al papa emérito:

«Somos muy conscientes de que con el motu proprio de 2007, Su Santidad ha querido conservar el tesoro del antiguo misal para la Iglesia, con la preocupación de no herir la estructura de la Iglesia: la celebración de la forma extraordinaria se realiza ahora de modo pacífico, en el seno de las parroquias donde habitualmente se celebra la forma ordinaria. Como Su Santidad ha tenido ocasión de decir antes, cada uno de nosotros hace parte de una porción concreta de la Iglesia local donde encuentra hermanos y hermanas de todas las sensibilidades. Por ello nuestra peregrinación reúne un número importante de seminaristas diocesanos y de sacerdotes de parroquias, muchos de los cuales celebran ambas formas del rito. [...]

¿Será osado pedir, además, a Su Santidad, a quien debemos las numerosas bendiciones que nos procura la celebración pacífica y "normal" de la liturgia antigua, la gracia de su presencia sencilla y amistosa en la misa del 25 de octubre? Sería una alegría inmensa para todos, sacerdotes, seminaristas, fieles, rezar con Su Santidad ese día junto con sus hermanos cardenales, quienes nos honrarán con su presencia».




IV – LAS REFLEXIONES DE PAIX LITURGIQUE

1) Brasil, Polonia, Estados Unidos, Suiza, Inglaterra, Hungría, Eslovenia, República Checa, así como Portugal, Dinamarca, Croacia, Canadá y Paraguay, sin olvidar Francia e Italia, por supuesto, representan un pueblo internacional reunido en Roma el último fin de semana de octubre, un pueblo unido por una fe común expresada mediante una oración común en una lengua común. Todos los años, desde 2012, la peregrinación Summorum Pontificum demuestra que con el motu proprio de 2007, Benedicto XVI ha respondido claramente a un deseo compartido universalmente por muchos católicos. El responsable de la página de facebook de la peregrinación nos señaló que entre los más de 13.000 amigos de la peregrinación en la red social, los seis primeros países representados son Brasil, Italia, Estados Unidos, Polonia, Filipinas y México.

2) Todos los participantes de la peregrinación –y los turistas de la plaza San Pedro– se asombraban ante la gran cantidad de jóvenes clérigos entre los sacerdotes, religiosos y seminaristas presentes. Muchos seminaristas, en particular, romanos, ya fueran diocesanos o de una congregación religiosa, participaron en uno u otro de los encuentros de la peregrinación. Hacer visible esta juventud del clero Summorum Pontificum es uno de los grandes méritos de esta peregrinación romana. Pero en realidad, sólo se trata de la manifestación, en el centro de la catolicidad, de la atracción que la liturgia tradicional ejerce entre los jóvenes, tanto eclesiásticos como laicos. Este fuerte lazo entre el clero joven y la forma extraordinaria del rito romano es una de las claves de su desarrollo futuro. Mal que les pese a los Casandra de cualquier tendencia, el efecto Summorum Pontificum no ha desaparecido con la renuncia de Benedicto XVI.

3) Dos mensajes: el del papa reinante y el del papa emérito. Uno invita al «testimonio eterno de la fe cristiana» y el otro manifiesta, en pocas y simples pero muy cálidas palabras, una proximidad amistosa que prueba cómo Benedicto XVI, a pesar de los meses dramáticos que ha atravesado, no reniega de sí mismo. La libertad gozosa que surge de la carta de Benedicto XVI al delegado general de la peregrinación nos incita a animar al Coetus Internationalis Summorum Pontificum a renovar la invitación al papa emérito para el año próximo. En efecto, estamos convencidos de que el papa Francisco, quien en la inauguración de un busto de Benedicto XVI en los jardines del Vaticano, ha manifestado una vez más su afecto y estima por su predecesor, no querrá privar al papa del motu proprio del afecto de los sacerdotes, seminaristas y fieles que, gracias a él, pueden (casi) libremente alimentarse con el tesoro litúrgico y teológico que ha restituido a la Iglesia universal.