EN LOS SUBURBIOS DE PORTLAND, EL INDULTO DE SANTA BRÍGIDA
Correo 71
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Un pastor de excepción, Mons. Alexander K. Sample, arzobispo de Portland, ha sido el guía de la reciente peregrinación Populus Summorum Pontificum (Nursia-Roma, del 27 al 30 de octubre de 2016). Para preparar su venida, uno de los organizadores de la peregrinación ha pasado algunos días en esa diócesis lejana donde ha tenido maravillosos encuentros. Nos ha propuesto hacernos partícipes de uno de ellos...




I - A ORILLAS DEL WILLAMETTE RIVER, 100 AÑOS DE MISA TRADICIONAL ININTERRUMPIDA

En algún lugar de la periferia de Portland, la capital económica de Oregón, en la costa oeste de Estados Unidos, entre la ruta y el ferrocarril que bordean el valle del Willamette, se encuentra una granja de madera. Solo el cartel que está al borde de la ruta, cuyas letras rojas un poco despintadas rezan «Latin Mass» revela que este edificio no es como los otros: se trata de la iglesia Santa Brígida, («Saint Birgitta»), corazón de la parroquia del mismo nombre, consagrada el 16 de julio de 1916. Allí, desde hace 100 años, y a pesar de la reforma litúrgica, la misa de san Gregorio Magno, san Pío V y san Juan XXIII, nunca ha dejado de celebrarse. En perfecta comunión y obediencia con Roma y con el ordinario del lugar.
 
Desde 1954 a 1994, la carga pastoral de la parroquia Saint Birgitta fue confiada a un misionero de origen croata, el padre Milan Mikulich. La duración providencial del apostolado de este franciscano ha contribuido en gran manera a la conservación de la liturgia tradicional en este islote de cristiandad de la costa oeste de los Estados Unidos. Pero el milagro de Saint Birgitta ha comenzado, en realidad, con un puñado de fieles.
 
En efecto, en la bisagra de los años 60 y 70, mientras se perfilaba la nueva misa, cuatro familias de parroquianos comunicaron al padre Milan su deseo de conservar la misa latina y gregoriana. Consciente de la desafección que amenazaba a su comunidad, sobre todo por el aislamiento geográfico de la parroquia, el padre Milan vio en ese pedido la ocasión de preservarla, o más bien de renovarla. Entonces aprovechó su amistad con un cardenal romano –muy probablemente, su compatriota el cardenal Seper, predecesor del cardenal Ratzinger en la Congregación para la Doctrina de la Fe– para obtener del papa Pablo VI un indulto que le permitiera seguir celebrando según el misal de 1962.
 
De hecho, hasta su jubilación y su regreso a Croacia, los diferentes arzobispos de Portland, le permitieron celebrar la misa tradicional. Más tarde, un sacerdote que lo secundaba cada tanto, se propuso para sucederlo y garantizar la continuidad litúrgica y pastoral en Saint Birgitta. Así, en 1994, el padre Joseph Browne, CSC, dejó la universidad católica de Portland para dedicarse, durante 15 años, al apostolado en Saint Birgitta.
 
En 2009, a la espera del nombramiento de un nuevo párroco, el padre Luan Tran, un sacerdote de origen vietnamita –Portland cuenta con una importante comunidad de refugiados de Vietnam del Sur– ha sido llamado a servir a la comunidad tradicional local, en el marco pacificado del motu proprio Summorum Pontificum. Finalmente, en 2010, el padre Tran es designado párroco de la iglesia.
 
Sacerdote ejemplar de una parroquia que vive en plenitud la paz litúrgica in utroque usu –en ambas formas del rito romano– el padre Tran considera que el aislamiento de Saint Birgitta es una bendición: «Cuanto más escondidos estemos del mundo, menos nos ponemos en escena y más nos aplicamos a obedecer a Dios en todas las cosas, a ser fieles al Magisterio y a la jerarquía de la Iglesia; y más gracias recibimos ».
 
«Que yo sepa, prosigue, no ha habido un solo domingo sin misa tradicional en Saint Birgitta: durante todos estos años, el Señor, la Santísima Virgen y santa Brígida de Suecia han dejado las puertas abiertas para los fieles vinculados a ella. Los parroquianos y los sacerdotes de esta insignificante iglesita no dejan nunca de maravillarse de la generosidad y la bondad de nuestro Dios, de la solicitud de la Virgen María, de la protección de san Miguel y san José y de la intercesión constante de santa Brígida ».
 
 
II - LAS REFLEXIONES DE PAIX LITURGIQUE
 
1) Aun cuando el texto ha sido casi totalmente ignorado por los obispos locales, en nuestro correo francés 548, recordábamos la importancia histórica del así llamado indulto de «Agatha Christie», concedido en 1971 por el papa Pablo VI a los católicos británicos que deseaban continuar rezando con «el antiguo misal romano». La historia de Saint Birgitta nos recuerda, muy oportunamente, que ese indulto, colectivo, había sido precedido por varios indultos privados, siendo los más célebres los otorgados a san Pío de Pietralcina y a san Josemaría Escrivá.
 
2) El interés particular del indulto concedido al misionero croata es que no ha sido fruto directo de un deseo del sacerdote, sino más bien del de sus fieles. De alguna manera, esto es la ilustración excelente (ya que ha sido pacíficamente coronada de éxito) de la importancia de los laicos en la salvaguardia de la tradición católica. Si el misal tridentino se ha conservado más allá de 1969, es por la reacción del sensus fidelium, del instinto de la fe de los fieles que, en el mundo entero, han puesto todo en obra para su conservación. La no recepción de la reforma litúrgica ha conducido, pues, a las autoridades romanas a reconocer de modo expreso la legitimidad de la celebración según el misal antiguo (*). Los parroquianos de Saint Birgitta han prefigurado lo que el papa Benedicto XVI definirá en el motu proprio Summorum Pontificum como «grupo estable de fieles vinculados a la tradición litúrgica anterior».
 
3) Solemos insistir en la dimensión misionera de la liturgia tradicional en el contexto particular de la re-evangelización. Resulta notable que haya sido un misioner  quien ha tenido el instinto de relanzar su parroquia moribunda a causa de su aislamiento, apostando a la liturgia tradicional. De hecho, hoy, como desde los años 70, todos los domingos, a las 9:30 horas, el estacionamiento y los bancos de Saint Birgitta están llenos. Subrayemos, finalmente, que el instigador de esta celebración era croata y que su sucesor actual es de origen vietnamita: una nueva ilustración de que la devoción por la misa tradicional no es una particularidad francesa sino un amor compartido y buscado universalmente.

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(*) «En algunas regiones, sin embargo, no pocos fieles adhirieron y siguen adhiriéndose con mucho amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían impregnado su cultura y su espíritu de manera tan profunda, que el Sumo Pontífice Juan Pablo II, movido por la preocupación pastoral respecto a estos fieles, en el año 1984, con el indulto especial «Quattuor abhinc annos», emitido por la Congregación para el Culto Divino, concedió la facultad de usar el Misal Romano editado por el beato Juan XXIII en el año 1962; más tarde, en el año 1988, con la Carta Apostólica «Ecclesia Dei», dada en forma de motu proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad en favor de todos los fieles que lo solicitasen.» (Benedicto XVI, motu proprio Summorum Pontificum, 7 de julio de 2007).