La paz litúrgica, una exigencia universal
Correo 4
Imprimir Mandar a un amigoPartagez sur TwitterPartagez sur Facebook

 
 
Con la nueva edición en lengua polaca, la Carta de Paix Liturgique prosigue su apertura a una dimensión internacional. A la primera versión en italiano, publicada a partir del verano de 2009, la han seguido otras en alemán, español, inglés, portugués y a partir de hace unos días en polaco. Este desarrollo de la Carta de Paix Liturgique responde al estímulo a la universalización de la celebración de la misa tradicional, ahora llamada “forma extraordinaria del rito romano”, representado por el Motu Proprio Summorum Pontificum dado por el Santo Padre Benedicto XVI a la Iglesia católica en julio de 2007. Si no obstante la Asociación Paix Liturgique es bien conocida en su país de origen, Francia, no lo es igualmente en los otros países. Con el fin de ayudar a nuestros nuevos lectores a comprender mejor el espíritu y la originalidad de Paix Liturgique, hoy damos directamente la palabra a nuestro presidente, Christian Marquant.

Fundador en 1967 del Movimiento de la juventud católica de Francia (MJCF), posteriormente creador de Oremus en 1990, Christian Marquant ha dado vida a Paix Liturgique al inicio del año 2000. Limitada en un primer momento sólo a la diócesis de Nanterre (en la región de París), la acción de Paix Liturgique, que consiste en el apoyo a las disposiciones pontificias en favor de la misa tradicional, se ha difundido de a poco en todo el territorio transalpino.

Christian Marquant, ¿qué representa hoy Paix Liturgique?

CM: Desde la acción de Oremus en los años ‘90 y la aparición de Paix Liturgique, con la campaña conducida en la diócesis de Nanterre para obtener la aplicación del Motu Proprio Ecclesia Dei querido por Juan Pablo II en 1988 [1], hemos tenido una evolución notable.
Sobre el método y sobre los medios empleados, dado que, gracias al nacimiento de internet, hemos pasado de ser un grupo de fieles condenados a usar métodos clásicos muy costosos –impresión de publicaciones, envío de boletines periódicos por correo, etc.– a un verdadero y propio equipo de corresponsales y redactores que logran dar vida a una carta de información electrónica semanal. Pero en profundidad lo que nos anima es siempre el deseo de obrar por la reconciliación y la unidad de la Iglesia.
Nuestras preocupaciones han estado restringidas, en los primeros tiempos, sólo al ámbito francés, pero con el Motu Proprio Summorum Pontificum se han ampliado al entero mundo católico, con nuestra carta como expresión de nuestro trabajo. Debemos decir que ella alcanza a más de 350.000 personas en su versión francesa y cerca de 200.000 en las diferentes versiones internacionales.
Sin embargo, no hemos perdido el gusto por la acción sobre el terreno. Digamos simplemente que hemos afinado nuestro paso adaptándonos al clima apaciguado que prevalece desde que se ha abierto el pontificado de Benedicto XVI. Así, por ejemplo, vamos a encontrar tranquilamente fieles y clero a la entrada de las misas: desde marzo de 2009 hemos difundido en Francia 550.000 copias de un opúsculo en apoyo de la acción del Santo Padre.

Usted ha mencionado las versiones internacionales de la Carta de Paix Liturgique, ¿nos puede decir algo más? ¿Por qué esta búsqueda de difusión a nivel internacional?

CM: En el origen de Paix Liturgique se halla la fuerte convicción de que la tradición católica no es una reserva indígena. La reconquista de ciudadanía de la tradición litúrgica de la Iglesia no es una cuestión que concierne sólo a la Fraternidad San Pío X, nada más que a los “tradicionalistas” o solamente a los católicos franceses, sino, sin duda alguna, a la totalidad del universo católico. Es lo que, por otra parte, el Cardenal Cañizares, Prefecto de la Congregación del Culto Divino, ha expuesto admirablemente en el prefacio escrito para la edición española del libro de Monseñor Nicola Bux, “La reforma de Benedicto XVI”. Y dado que la “reforma de la reforma” querida por el Soberano Pontífice es tarea de todos, nos ha parecido útil, en un primer momento, desarrollar nuestra carta en Internet –también para salir del círculo limitado de nuestros amigos y simpatizantes– y, en un segundo momento, para volverla accesible verdaderamente a todos los católicos asomándonos al nivel internacional.
Desde hace seis meses entonces hemos trabajado para enriquecer nuestro equipo y perfeccionar nuestras bases de datos para poder ofrecer ediciones mensuales en italiano, español, portugués, inglés y alemán. Esto nos permite ampliar la mirada y constatar cada vez más que la cuestión litúrgica es para la Iglesia un desafío universal y no simplemente un problema franco–francés. En Hong–Kong, en las Filipinas, en Nigeria, en Brasil o en México, como en Polonia o en Gran Bretaña, fieles, sacerdotes, religiosas y prelados obran cada día por el redescubrimiento de este tesoro de la Iglesia que es la misa tradicional.

¿Cuál es su percepción de la situación actual?

CM: Diría que es absolutamente inesperada. Por primera vez desde los trastornos impuestos en nombre del “espíritu del concilio”, parece posible una reconciliación más allá de las preferencias litúrgicas de unos y otros. El Papa Benedicto ha quitado en efecto los últimos obstáculos –reales o imaginarios– a la afirmación de la unidad de todos los católicos en torno al Santo Padre.
En este clima favorable la unidad reposa entonces, de ahora en adelante, principalmente sobre el empeño personal de todos los bautizados: algunos fieles, naturalmente, de los cuales el Concilio Vaticano II ha subrayado el rol en la Iglesia, pero también algunos obispos y sacerdotes que llevan plenamente esta responsabilidad en calidad de Pastores.
Para cada uno de nosotros no se trata más que de preguntarse si queremos verdaderamente ser fieles a los compromisos que vienen de nuestra fe en Jesucristo.

Paix Liturgique se ha hecho conocer en particular haciendo efectuar sondeos...

CM: La idea de hacer realizar sondeos nació del silencio con sabor despreciativo que nos ha sido opuesto frecuentemente resumido en breves comentarios del tenor siguiente: “ustedes no existen”, “se han equivocado de siglo”, “no hay ningún problema litúrgico entre nosotros”, “han perdido el tren de la renovación”, etc. Ahora, no solamente estas afirmaciones nos han parecido desde el comienzo un poco caricaturescas, sino además, con los años, han terminado por revelarse totalmente privadas de fundamentos: el número de fieles ligados a la misa antigua no hace más que aumentar, en particular los jóvenes son atraídos cada vez más.
He podido observar en una posición privilegiada, desde hace más de cuarenta años y desde el nacimiento, inmediatamente después del Concilio, del importante movimiento francés de los “Silenciosos de la Iglesia”, que aquellos que estaban atraídos por la liturgia tradicional no eran “un grupito de viejos y de nostálgicos”, sino más bien se trataba de una parte consistente de fieles católicos. Convencidos de esta realidad que venía confirmada por testimonios cotidianos, hemos buscado un instrumento para dar una dimensión a este fenómeno. ¿Cómo destacar el hecho de que no era ni honesto ni razonable reducir los católicos ligados a la liturgia latina y gregoriana sólo a los fieles de la Fraternidad San Pío X que se afirmaba, por otro lado, que no representaran más del 1% de los fieles?
Siguiendo el ejemplo de lo que Éric de Saventhem, en aquel momento presidente de Una Voce, había hecho en Alemania al inicio de los años ‘80, en el 2001 decidimos realizar un sondeo en Francia utilizando uno de los más grandes institutos de sondeos del país. ¡Los resultados de aquella encuesta Ipsos fueron mucho más allá de nuestras esperanzas más optimistas! En efecto, en años en que se consideraba todavía difusamente que la misa según el misal de Juan XXIII estaba prohibida, más del 20% de los católicos practicantes afirmaba querer vivir la propia fe católica al ritmo de la liturgia tradicional.
Seguidamente hemos hecho realizar otros sondeos semejantes en Francia, y luego uno en Italia, en septiembre de 2009 por el instituto Doxa, que ha dado el resultado extraordinario de dos practicantes católicos sobre tres dispuestos a asistir a la misa antigua. También hemos comenzado a hacer sondeos restringidos a las diócesis, por el momento en Versalles y en París, y estamos por lanzar un sondeo a nivel nacional entre los católicos alemanes.
Así estamos obteniendo, poco a poco, un criterio un poco más correcto de la situación real: después de las bellas palabras del Santo Padre del 2007 al menos un católico sobre tres que asiste a la misa dominical en su parroquia participaría de una misa celebrada según la forma extraordinaria...

¿Y sin embargo ¿son muchos los Pastores que se muestran poco solícitos a aceptar esta realidad y realizar la unidad de los católicos?

CM: Lamentablemente la ideología todavía está bien radicada en una buena parte del clero y, aún más: ¡del Episcopado! Se continúa todavía, de un modo global, planteando la cuestión de la unidad en una lógica exclusiva: todos aquellos que manifiestan un apego cualquiera a la tradición bimilenaria de la Iglesia, que sea de orden doctrinario o litúrgico, son ignorados o incluso mirados con desprecio.
Ha llegado el momento de que cese esta obcecación y que nuestros obispos tomen conciencia del hecho de que son numerosísimos los fieles que quisieran vivir su fe católica según el ritmo de la forma extraordinaria del rito romano. Por difícil o dolorosa que pueda ser esta toma de conciencia para alguno de ellos, se trata de una necesidad primaria e indispensable.
Desde que hemos lanzado nuestras Cartas “internacionales” hemos podido constatar que para numerosos obispos en los cinco continentes: “no existe un problema litúrgico”, “no hay pedido por la aplicación del Motu Proprio”, “la liturgia tradicional no interesa más que a un pequeño número de fieles”, o incluso “el Motu Proprio sirve únicamente para regular las relaciones con la Fraternidad San Pío X”... Esta visión de las cosas es por lo menos inexacta.
Una observación honesta de la realidad, el diálogo sobre el terreno y los sondeos de opinión lo demuestran: si en cuarenta años sólo pocos fieles han hecho sentir la propia voz contra los abusos y las pseudo–prohibiciones de la misa tradicional, la inmensa mayoría de aquellos que estaban ligados a la forma tradicional han actuado como verdaderos “Silenciosos de la Iglesia” y han callado. Algunos han dejado de ir a misa mientras otros han continuado frecuentando sus parroquias diocesanas aunque esto podía chocar su sensibilidad en materia de catecismo y de liturgia.
Si con la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica la cuestión del catecismo ha sido en parte arreglada, la cuestión litúrgica habría podido serlo con la publicación del Motu Proprio. Lamentablemente esto no ha ocurrido. Es cierto, no todos los obispos se oponen al Motu Proprio, ¡lejos de eso! No obstante las resistencias son fuertes y, aun los más abiertos, más bien que aplicar pura y simplemente el Motu Proprio del 2007 (celebración de una y otra forma del rito en las parroquias, especialmente en las grandes parroquias de los centros urbanos), tienen la tendencia a no aplicar más que el Motu Proprio de 1988 (concesión puntual de misas no parroquiales).

¿Qué podemos esperar entonces que hagan nuestros obispos?

CM: Es muy simple: que dejen de querer tener razón contra el Papa y admitan finalmente que reconocen las necesidades de los fieles que permanecen ligados a la Fe y a la práctica tradicionales. Mientras estos fieles sean considerados como cristianos de segunda categoría vistos simplemente como un “problema”, la unidad eclesial profesada por los obispos no será más que una declaración de intención llena de hipocresía.
Un primer paso inmediatamente practicable podría ser el de hacer de modo que todas las celebraciones extraordinarias del rito romano ya encaminadas respondan verosímil y generosamente al pedido real de los fieles. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente que las celebraciones sean dominicales, regulares y en horarios aptos para la frecuentación por parte de las familias. Forma extraordinaria de la misa no significa “condiciones extraordinarias” de celebración como, lamentablemente, se comprueba con frecuencia.
Luego será necesario que nuestros pastores –y nuestros párrocos en primer lugar, dado que el MP les ha conferido la posibilidad sin tener que recurrir al placet del obispo– respondan lealmente y en tiempo razonable a las preguntas que vienen dirigidas a ellos, sin tergivesar ni dar largas...
Todo esto que pedimos a nuestros párrocos y a nuestros obispos es respeto, escucha y benevolencia. Dado que se trata de principios muy presentes en sus discursos nosotros no perdemos la esperanza de ver finalmente sus frutos en nuestras parroquias.

[1] Campaña al final llevada al éxito por la Providencia, dado que tres misas dominicales en comunión con Roma ahora son celebradas en esta diócesis (mientras no hay ninguna todavía en la vecina diócesis de Saint–Denis).