Última parte de la entrevista con Mons. Schneider
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DESDE LA PERSPECTIVA DE KARAGANDA

Ésta es la tercera y última parte de la entrevista exclusiva que Mons. Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Karaganda en Kazajstán, concedió a La Lettre de Paix Liturgique. Después de abordar, en la primera parte, el tema de la comunión en la mano, y de exponer, en la segunda, su punto de vista sobre el mutuo enriquecimiento de las dos formas del Rito Romano, Mons. Schneider nos confía hoy su mirada de cristiano de Oriente sobre el Ofertorio tradicional, la formación de los sacerdotes y la inculturación.


8) En septiembre de 2001, en un mensaje dirigido al plenario de la Congregación para el Culto Divino (*), Juan Pablo II había indicado que: “En el Misal Romano, llamado Misal de San Pío V, como también en las diversas liturgias orientales, existen bellísimas oraciones con las que el sacerdote expresa el más profundo sentido de humildad y de reverencia ante los sagrados misterios: éstas revelan la substancia misma de toda liturgia”. ¿Podemos considerar que el Ofertorio tridentino es una de esas oraciones? ¿O, más bien, debemos considerar que su desaparición es uno de los puntos positivos de la reforma litúrgica, como sostienen aún muchos “bugninianos”?, entre ellos, Mons. Raffin, quien, en una contribución al libro “Enquête sur la L'Esprit de la Liturgie” (Encuesta sobre el espíritu de la liturgia), publicado por L'Homme Nouveau en 2003, declaraba: “Estoy contento con la desaparición de las oraciones del Ofertorio, cuyo carácter heteróclito puedo demostrar”.

AS: A lo largo de toda la historia de la liturgia romana, y también en las liturgias orientales, el Ofertorio ha estado siempre vinculado al cumplimiento del sacrificio del Gólgota. No se trataba de preparar la Cena, sino el sacrificio eucarístico que tiene como fruto el banquete de la Comunión eucarística. Lo que es ofrecido, lo es para el sacrificio de la Cruz: es lo que se podría llamar “una anticipación simbólica”.
El Ofertorio hace eco a todos los sacrificios del Antiguo Testamento, desde los grandes ofertorios de Melquisedec y de Abel. Hay una progresión continua hasta el sacrificio del Gólgota… Esta visión bíblica justifica plenamente, por sí sola, el Ofertorio tradicional, sin mencionar los ritos orientales que son aún más solemnes en su manera de anticipar el Misterio de la Cruz.
Así como para San Agustín “el Nuevo Testamento estaba escondido en el Antiguo Testamento”, podríamos decir que la Consagración está escondida en el Ofertorio.
El Ofertorio tradicional me parece, pues, todo menos heteróclito. Por el contrario, diría que es un producto puro de la lógica bíblica aplicada a la historia de la Redención.


9) Con vistas a una mejor práctica litúrgica, ¿no le parece que es hora de rever la formación de los seminarios? Con respecto a Francia, podríamos citar, en particular, la enseñanza del latín, que, a pesar de seguir siendo la lengua sagrada de la Iglesia, casi no se practica; y también, el enfoque de la celebración de la liturgia ordinaria, a menudo, librada a la inspiración personal… por no hablar de la posibilidad de hacer descubrir la liturgia tradicional, que casi nunca se brinda a los seminaristas. Sin pedirle que se pronuncie sobre lo que sucede en Francia, ¿nos podría decir, Excelencia, cuál es la situación en el seminario de Karaganda, el único de Asia central?

AS: En realidad, la situación de la enseñanza del latín en los seminarios es preocupante en todo el mundo ¡y no sólo en Francia! Es un estado de hecho contrario, no solamente a la voluntad de la Iglesia y del Santo Padre, sino también a la del Concilio Vaticano. La Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, estipulaba en términos claros que: “El uso de la lengua latina, salvo derecho particular, se conservará en los ritos latinos”. En su exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, de febrero de 2007, Benedicto XVI solicitaba “que los futuros sacerdotes, ya desde el seminario, sean preparados para comprender y celebrar la Misa en latín, y para utilizar textos latinos y canto gregoriano; no se descuidará la posibilidad de educar a los mismos fieles en el conocimiento de las oraciones más comunes en latín, así como en el del canto gregoriano de algunas partes de la liturgia”.
Los sacerdotes deben dominar el uso de la lengua latina. Pienso que en todos los seminarios la Santa Misa (en la forma ordinaria) debería celebrarse y enseñarse en latín, y, periódicamente, también en la forma extraordinaria. Esto contribuiría de manera considerable a la misma dignidad de la liturgia.
En Karaganda, tenemos unos quince seminaristas (para una población de 150.000 católicos en el país) y tratamos de que la enseñanza del latín sea un elemento importante del ciclo de estudios.


10) En los países donde el Catolicismo es apenas una religión minoritaria, o incluso marginal, como en el caso de Kazajstán (el 2% de la población), el empleo de la lengua vernácula y de la liturgia moderna es presentado, con frecuencia, como una ventaja para “la encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas, y, al mismo tiempo, la introducción de estas culturas en la vida de la Iglesia”, según la definición de la inculturación dada por Juan Pablo II en la encíclica Slavorum Apostoli (VI, 21). Tomando en consideración su experiencia, ¿podría decirnos, Excelencia, si la liturgia en latín y en gregoriano –y, en este caso, poco importa si se trata de la forma ordinaria o de la extraordinaria– representa un obstáculo para la inculturación del catolicismo en Asia, o no?

AS: Debe tener en mente que el contexto de Asia central es muy diferente del contexto con el que usted está familiarizado en Europa. Resulta imposible no subrayar la herencia dejada por setenta años de régimen soviético, ni el peso que la presencia musulmana ejerce en la sociedad. Así como está siempre presente el elemento eslavo ortodoxo, y subsiste la dimensión bizantina. Culturalmente, estamos, pues, muy lejos del mundo latino.
En este contexto particular, aun cuando seamos de rito romano, hoy sería difícil celebrar toda liturgia en latín. En cambio, se podría imaginar el empleo de una lengua eslava como lengua litúrgica, e introducir, luego, de modo progresivo, el latín para algunas partes de la liturgia.
Existen dos precedentes históricos.
- en el siglo IX, en continuidad con el trabajo efectuado por los santos Cirilo y Metodio, la Iglesia autorizó el uso de la lengua eslava en Dalmacia, Bohemia y Moravia, disposición que perduró hasta el Concilio Vaticano II en Dalmacia, actual Croacia,
- en 1949, Pío XII publicó un indulto donde concedía a los sacerdotes de China la celebración de la Misa en chino, con excepción del Canon, que debía permanecer en latín.
Estos dos antecedentes históricos relativos al rito romano son conocidos en Kazajstán, (el país tiene una frontera común con China) y podrían servir de fuente de inspiración para una iniciativa de la Santa Sede favorable al empleo de la lengua rusa en la forma extraordinaria del Rito Romano.


(*) http://www.unavox.it/doc67.htm